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Ella y las rosas

Él le llevo unas rosas rojas, grandes, de pétalos satinados y con un fuerte olor. Ella se acercó el ramo a la nariz y ahogo sus sentidos de ese aroma. Las observo con gesto de tristeza. Se acerco al jardín de su casa y las enterró ahí. Él observó todo a una distancia prudente. No dijo una sola palabra, sabía que ella no lo escucharía. Ella volteo aún con gesto adusto, lo miró fijamente por unos segundos. Una sonrisa afable y agradecida embargó su rostro. Ella se abalanzó sobre él y se colgó de su cuello. Él la recibió en sus brazos, titubeante. Ella susurró a su oído "no tienes que obsequiarme cadáveres para demostrarme tu amor".

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